Internacionales

05/Oct
/2014

Brasil va a las urnas dividido entre logros sociales y deseos de cambio

Dilma Rousseff parece tener garantizado su pase a un balotaje para dirigir por otros cuatro años la mayor democracia latinoamericana, pero no se sabe quién será su rival.

Instancia decisiva

Instancia decisiva

(Brasilia/AFP) Monte Carlo/ EL

Impulsada por las conquistas sociales del Partido de los Trabajadores (PT), que benefician a un cuarto de la población del país, la primera mujer presidenta de Brasil es la gran favorita.

Pero millones reclaman un cambio tras cuatro años de magro crecimiento y escándalos de corrupción vinculados al PT, que gobierna el país hace doce años. Por ello, la mandataria, una exguerrillera de 66 años que estuvo presa en la dictadura (1964-1985), no alcanzaría el 50% más uno de los votos para ganar en primera vuelta.

En ese caso, deberá disputar un segundo turno el 26 de octubre frente a Aecio Neves, del Partido Socialdemócrata de Brasil, o contra la ecologista Marina Silva, del Partido Socialista Brasileño.

Neves ha logrado relegar a Silva al tercer lugar en los sondeos, una nueva sorpresa de estas elecciones que se han convertido en un 'thriller' político. Aunque la diferencia es tan poca -entre dos y tres puntos- que ambos están en empate técnico, teniendo en cuenta el margen de error.

Los centros de votación abrieron a las 08H00 (11H00 GMT), para elegir a presidente, a los 513 diputados federales y a un tercio del Senado, así como a los 27 gobernadores y a más de 1.000 diputados estatales. Un total de 142,8 millones de electores están habilitados para sufragar.

La votación culminará a las 17H00 (20H00 GMT) y dos horas después, gracias a las urnas electrónicas, son esperados los sondeos a boca de urna y los primeros resultados oficiales parciales. El desenlace debería conocerse antes de la medianoche.

Vestida de rojo, sonriente, y saludando a los presentes en la escuela Vila Assunçao de Porto Alegre, su local de votación, Rousseff votó poco antes de las 09H00 locales.

Sus competidores Neves y Silva harán lo propio en Belo Horizonte y Acre respectivamente.

Más de 400.000 miembros de las fuerzas del orden -incluidos 30.000 militares- han sido movilizados para garantizar la tranquilidad de las elecciones.

Silva se convirtió inesperadamente en presidenciable hace un mes y medio, tras la muerte del candidato oficial del PSB en un accidente aéreo. Con sus promesas de cambio y de una "nueva política" subió en los sondeos como leche hervida, superando incluso a Rousseff en un eventual balotaje por 10 puntos.

Pero hoy Neves, un tecnócrata playboy de 54 años que promete que hará que el país vuelva a crecer y pide el fin al intervencionismo del gobierno en empresas y bancos públicos, parece haberla dejado atrás: tiene 26%-27% de intención de voto, contra 24% de Silva, según los últimos sondeos del sábado elaborados por Datafolha e Ibope.

Rousseff lidera las encuestas con 44%-46% de la intención de voto.

Si bien la economía ha crecido muy poco en su mandato, la mayoría de los brasileños no lo ha sentido: el desempleo está en mínimos históricos (5%), el salario mínimo ha subido más de 50% y el consumo sigue elevado.

En caso de que haya segundo turno, la presidenta ganaría a Silva por 49% a 39%, y a Neves por 48% a 42%, según Datafolha. El instituto Ibope señala asimismo un triunfo de Rousseff en caso de balotaje por 45% contra 37% contra ambos rivales.

Marina Silva, una exempleada doméstica de 56 años criada en la Amazonia, que sueña con ser la primera presidenta negra de Brasil, carece de los recursos y el apoyo de una máquina partidaria como la del PT o el PSDB.

Rousseff promete continuar con los programas impulsados por su gobierno y el de su predecesor Luiz Inacio Lula da Silva (2003-2010) que han mejorado la vida de millones, sobre todo en el norte y noreste: pagos directos a cambio de que los niños vayan a la escuela (Bolsa Familia), viviendas populares (Mi Casa Mi Vida) y cuotas en las universidades para negros y pobres.

Estos programas han sido tan exitosos que ningún candidato quiere eliminarlos. "Hay un consenso bastante fuerte de que el Estado debe seguir gastando dinero en los pobres", señaló a la AFP Julia Sweig, experta en Latinoamérica del Consejo de Relaciones Exteriores en Washington DC.

No obstante, las protestas callejeras de 2013 que exigían mejores servicios públicos y frenar la corrupción política "mostraron una demanda por mayor transparencia y eso continuará", estimó.

Pero si bien son muchos los brasileños que quieren el cambio, un tercio cree que es el gobernante PT el que debe llevarlo a cabo.

 

FOTO: AFP

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