
El Ministerio de Salud brasileño envió dos equipos a la región conocida como "El valle del acero", por su producción siderúrgica, y lanzó una campaña de vacunación contrarreloj para tratar de paliar la situación.
En su último balance, la dependencia dijo que hay 20 casos "probables" de fiebre amarilla, de los cuales 10 muertos.
En Caratinga, una de las ciudades rurales bajo alerta, Eraldo Nunes da Silva enterró este viernes a su hijo adoptivo Wellington Santos, uno de los sospechosos de haber muerto por esta enfermedad trasmitida por mosquitos silvestres (Haemagogus y Sabethes) y que no se detecta en zonas urbanas de Brasil desde 1942.
"Tenía fiebre el sábado y murió el jueves. El doctor dijo que tenía fiebre amarilla", dijo a la AFP este brasileño, que hoy trató de vacunarse pero los funcionarios le informaron que debía regresar el sábado porque ya no había existencias.
Vininha de Freitas tampoco logró vacunar a su mamá, de 82 años.
"Estamos preocupados porque aquí hay muchos mosquitos. En mi casa tengo muchos porque el foso de desechos queda en la puerta de la cocina", dijo de Freitas.
Sin embargo, el secretario de Salud de la ciudad, Giovanni Corrêa, quiso dar un mensaje de tranquilidad a sus 80.000 ciudadanos. "No faltará vacuna. Tenemos para todos y en breve lograremos combatir este brote", señaló.
En 2016, Brasil registró seis casos de fiebre amarilla silvestre en todo el país, de los cuales cinco murieron. Y en 2015, contabilizó nueve, con cinco muertos.
Foto: AFP




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