
La guerra entre facciones por el control del tráfico de drogas sumergió al sistema penitenciario de Brasil en un frenesí de carnicerías, rebeliones y fugas que dejó 134 muertos sólo en los primeros quince días de 2017, según datos oficiales.
Y la cárcel Alcaçuz de Natal, la mayor del estado de Rio Grande do Norte (RN), fue el escenario del último gran motín.
Aunque las autoridades lo dieron por controlado la mañana del domingo, los dos grupos criminales enfrentados se mantenían atrincherados desde hace más de 24 horas detrás de improvisadas barricadas, algunos armados con machetes, amagando con volver a chocar.
La policía de élite ya tuvo que intervenir el martes lanzando balas de goma desde el muro perimetral para evitar una nueva matanza y este miércoles, escoltados por un vehículo blindado, los agentes entraron al centro y sacaron en autobuses a 220 internos del grupo Sindicato do Crime RN.
Este grupo criminal, al que pertenecerían la mayoría de los 26 muertos del motín, había tratado de atacar el pabellón donde están confinados los miembros del rival Primer Comando Capital (PCC) como revancha a la masacre de sus compañeros, muchos decapitados y quemados.
Foto: AFP




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