
'Pablito' o el 'Bambino de Oro', un chico normal nacido en Santa Lucía (Prato), el 23 de septiembre de 1956, había conducido a la 'azzurra' a la gloria con sus goles.
Era un goleador instintivo. Sabía donde y cómo situarse, sorprender al defensa. Era una de sus principales características, que explotó, como pocos, en aquel Mundial de España'82, al que su selección, dirigida por Enzo Bearzot, llegó sin partir entre las favoritas y que incluso estuvo a punto de caer en la fase de grupos.
"No era una fuera de serie, ni un portento físico. Era uno del montón", llegó a decir de sí mismo. Y como su amigo Diego Maradona, que también falleció hace unos días, vivió una montaña rusa al verse afectado en el denominado escándalo del 'Totonero' por manipulación de árbitros y compra de partidos, por lo que fue castigado cuatro años, aunque tan solo tuvo que cumplir dos.
Llegó a tiempo para estar en el Mundial y su voluntad guio su éxito y el de Italia por los campos de España. Superada la primera fase con más pena que gloria gracias a dos tantos anotados en la misma (obra de Conti y Graziani), Paolo Rossi pasó de villano a héroe y empezó a volar en la segunda fase, en la que su equipo sorprendió en el mítico estadio barcelonés de Sarría a la Argentina de Diego Maradona y a la Brasil de Sócrates, ante la que logró un triplete memorable.
Su olfato goleador era el factor diferencial de aquel bloque que había conseguido formar Bearzot. Lo volvió a demostrar en la semifinal, en el Camp Nou, ante Polonia. 2-0, con doblete de Rossi, y a la final del Bernabéu. Y allí, ante la también todopoderosa Alemania Federal, abrió el camino de la gloria con el primer gol que remacharon Marco Tardelli y Alessandro Altobelli.
Ganó la bota de oro al máximo goleador y el balón de oro al mejor jugador, 'Pablito' se ha había convertido en todo un 'bambino de oro'. Héroe y símbolo de la Nazionale. Hasta del fútbol mundial de aquellos tiempos.
Foto y datos: EFE




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