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Miércoles 17/Ago

Espectáculos

Peri Rossi agradeció el Premio Cervantes

Pese a la ausencia de la ceremonia por problemas de salud, Cristina Peri Rossi tiene, desde este viernes, el Premio Cervantes

La escritora uruguaya escribió un discurso de aceptación que fue leído por la actriz Cecilia Roth, este viernes en la entrega del Premio Cervantes 2021.

13:35 hs 22/Abr
2022
Por:    @luisarmando930

Este viernes se realizó la ceremonia de entrega del Premio Cervantes 2021, que fue obtenido por la escritora uruguaya Cristina Peri Rossi.

La poeta y narradora, radicada en España desde 1972, estuvo ausente del evento por problemas de salud, y la actriz argentina Cecilia Roth fue la encargada de recibir el galardón, y de leer su discurso de aceptación.

En él, Peri Rossi habló de sus dos patrias -Uruguay y España-, del exilio, del feminismo y sobre todo de la literatura de Miguel de Cervantes y la figura de Don Quijote de la Mancha.

"Desde mis libros, desde mi vida he intentado como doña Quijota 'desfazer' entuertos y luchar por la libertad y la justicia, aunque no de manera panfletaria o realista, sino alegórica e imaginativa", escribió a modo de aceptación del más importante reconocimiento a las letras hispanas. 

Crédito fotográfico: Agencia EFE

Compartimos a continuación el discurso completo de Cristina Peri Rossi para la ceremonia del Premio Cervantes 2021:

Nací en Montevideo, Uruguay, en el año 1941, es decir, cuando desgraciadamente Europa estaba en plena Guerra Mundial. A la izquierda de mi casa vivía un viejo zapatero remendón, judío polaco, milagrosamente escapado de la masacre, y a la derecha, un adusto músico alemán con un parche negro en un ojo. Cuando le pregunté a mi madre (maestra de escuela obligatoria, laica, gratuita y mixta) por qué el judío y el alemán no se saludaban, me respondió: «En Europa se habrían matado». Mi padre, nacido en el campo, que había emigrado a la capital seducido por lo que el tango llama «las luces del centro», me dijo algo muy sencillo: «Europa no existe. ¿Has visto en el mapa algún lugar que se llame Europa?». No había. Cuando pregunté por qué la llamaban «Segunda Guerra Mundial», me explicaron que apenas veinte años antes había sucedido la primera.

También en el barrio fui conociendo a muchos exiliados españoles, porque además de una guerra cuyos motivos yo no conocía, en España había una terrible dictadura que había matado a miles y miles de personas y hecho huir a otras miles. El mundo parecía un lugar muy peligroso fuera de Montevideo. Pero la biblioteca de mi tío, funcionario público, culto, gran lector y ferozmente misógino, me permitió conocer que siempre había sido así, desde los orígenes, desde los tiempos bíblicos o de los griegos y troyanos. Los motivos de las guerras parecían siempre los mismos: el ansia de poder y la ambición económica. Algo típicamente masculino.

Tres libros leídos muy tempranamente me conmocionaron: '"El diario de Ana Frank", "La madre" de Máximo Gorki, y "Don Quijote de la Mancha"; este último, diccionario en mano. Fue el más difícil de leer y el que me provocó sentimientos más contradictorios. No había leído nunca un libro donde el autor declarara que su protagonista estaba loco, pero a la vez, me emocionaba que su propósito fuera 'desfazer' entuertos y establecer la justicia, cosa que me parecía harto razonable dado el estado del mundo, y de mi propio barrio, donde muchas vecinas venían a contarle a mi abuela, una viuda que había criado a siete hermanos huérfanos y a tres hijos también huérfanos, que sus maridos borrachos las golpeaban, o se jugaban el escaso dinero a los caballos, o se iban de putas y maltrataban a sus hijos. Cómo deseaba yo que apareciera entonces Don Quijote, con su flaco Rocinante, a salvarlas de los golpes y el maltrato. Por otro lado, mi abuela me hacía recordar al Ama, porque pensaba que leer mucho llevaba a perder el seso y a cometer locuras, aunque yo no creía que los esposos de esas mujeres maltratadas leyeran mucho y esa fuera la causa de su violencia.

Yo misma me irritaba cuando Don Quijote confundía molinos con gigantes, y llegué a pensar que Cervantes en realidad ridiculizaba a su personaje para probarnos que la empresa de cambiar el mundo y establecer la justicia era un delirio. Hasta que en los capítulos XII, XIII y XIV del libro me encontré con el relato y el discurso de Marcela. Marcela es codiciada y asediada por los hombres por su belleza y por su riqueza. La acusan de ser la culpable del suicidio de Grisóstomo, al que se negó, y en un sorprendente discurso rechaza a los hombres, al matrimonio y a las relaciones de poder entre los sexos: reclama su libertad, y para eso se aísla de la sociedad y se refugia en el campo, como una pastora más. «Yo nací libre y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos», dice. Como Helena, en la "Ilíada" maldice el día en que nació, o como en Eurípides, Helena se rebela contra la sociedad que considera la belleza como único atributo de la mujer.

De este modo Cervantes desacraliza la belleza como atributo femenino, y convierte a Marcela en una heroína trágica: para conservar su libertad frente a los hombres que quieren poseerla, dominarla, renuncia a la vida social, aislándose del mundo, huyendo de los hombres. Por supuesto, esta heroína, posteriormente, sería calificada de histérica, frígida y neurótica al no asumir el rol que le asignaba la sociedad patriarcal. La comprensión que manifiesta Don Quijote hacia un personaje femenino real me hizo pensar que la locura puede ser un pretexto de exclusión de aquellos que esgrimen verdades incómodas, lección que evidentemente aprendí, pagando un precio muy elevado, hasta el día de hoy, pero si volviera a nacer, haría lo mismo.

Mi tío que era buen lector cervantino no me habló nunca de este pasaje, del mismo modo que me advirtió de que las mujeres no escribían, y que cuando escribían, se suicidaban, como Safo, Virginia Woolf, Alfonsina Storni, y otras.

Yo también tuve claro, como Marcela, que en una sociedad patriarcal ser mujer e independiente era raro y sospechoso. Cuando el jurado (al que agradezco el honor de este premio) enumera los motivos por los cuales me lo ha concedido, habla de una firme y completa vocación literaria, pero también reconoce una lucha por los valores humanos tantas veces vulnerados por el poder político o cívico militar. Tuve que exiliarme de la dictadura uruguaya porque, como Casandra, había advertido y denunciado su llegada, y como castigo, mis libros, y hasta la mención de mi nombre fueron prohibidos; salvé la vida milagrosamente y vine a parar a España, donde otra feroz dictadura oprimía la libertad. Convertí la resistencia en literatura, como hicieron tantos exiliados españoles, y en lugar de renunciar a la sociedad, como Marcela, desde mis libros, desde mi vida he intentado como doña Quijota 'desfazer' entuertos y luchar por la libertad y la justicia, aunque no de manera panfletaria o realista, sino alegórica e imaginativa. No necesitamos duplicar la realidad, sino ironizar o interpretarla, como hiciera Jonathan Swift, por ejemplo. La literatura es compromiso, ya lo dijo Jean Paul Sartre, y compromiso es todo, desde un artículo contra Putin o un homenaje a las mujeres violadas y martizadas en Juárez, hasta los relatos de Cortázar. ¿No es compromiso satirizar, por ejemplo, los excesos de la técnica, el morbo de los platós de televisión o los ritos festivos de los fanáticos del fútbol? Tan compromiso como escribir un poema lírico que exalta el deseo entre dos mujeres o entre un hombre y una mujer. La imaginación también es compromiso cuando no anticipación. Yo no he sido cronista de la realidad, me he sentido muchas veces como Casandra, en la Eneida, vaticinando un futuro y unos peligros que pocos veían. Pero no concibo una literatura solemne. La vida puede ser una tragedia, un drama, pero se puede ironizar y satirizar sus hábitos y costumbres, como hizo Pessoa con su poema «Todas las cartas de amor sin ridículas». Sí, y además, son dulces o crueles o amorosas o denigrantes.

El siglo XX empezó casi con una guerra mundial y terminó con otra local, la de los Balcanes, e hizo escribir a Paul Valéry una definición clarividente: «La guerra es una masacre de personas que no se conocen en beneficio de personas que se conocen pero no se masacran».

A veces me ensombrece el ánimo el miedo a que la maldad y la violencia sean en realidad una constante de la existencia humana, y la lucha entre el Bien y El Mal se eternice, o sea ridiculizada, como ocurre en el mismo libro de Cervantes. Pero cuando escucho el aria de Sansón y Dalila, "Mon coeur s'ouvre à ta voix", cantada por Jessye Norman, o '"Je suis malade" por Lara Fabián, o "Algo contigo" por Susana Rinaldi, recupero una parte de la fe en el bien.

Mientras algunos se dedican fanáticamente a hacerse ricos y a dominar las fuentes del poder, otros, nos dedicamos a expresar las emociones y fantasías, los sueños y los deseos de los seres humanos.

Escribí en un poema: «Los antiguos faraones / ordenaron a los escribas: / consignar el presente / vaticinar el futuro». Creo que ese sigue siendo el compromiso del escritor, sin ninguna solemnidad, y con sueldo escaso. Y con humor, como cuando escribí este breve poema: «Podría escribir los versos más tristes esta noche, / si los versos solucionaran la cosa».

El sentido del humor es el sexto sentido de la literatura.

Podría escribir los versos más agradecidos esta noche, y cumpliría con mi obligación de escriba, aunque los versos no salvarían a los que mueren por las bombas y los misiles en la culta Europa.

Leyendo libros, ya sean de Luis Cernuda o de César Vallejo, confirmé lo que me decía mi madre: a medida que más sabemos menos sabemos, por eso la virtud cardinal es la humildad. Confirmé, también, que la literatura responde a la enseñanza evangélica: «Hablo en parábolas para que los que quieran entender entiendan». Yo también escribo en parábolas.

Como escribí en un poema:

Las palabras son espectros piedras abracadabras

que saltan los sellos de la memoria antigua.

Y los poetas celebran la fiesta del lenguaje

bajo el peso de la invocación.. Los poetas inflaman las hogueras

que iluminan los rostros eternos de los viejos ídolos.

Cuando los sellos saltan el hombre descubre

la huella de sus antepasados.

El futuro es la sombra del pasado en los rojos rescoldos de un fuego venido de lejos,

no se sabe de dónde...

La agencia EFE publicó un artículo que se titula "Los cielos cambiantes de la Montevideo de Peri Rossi", escrito por Jacinta Rivera Trobo y Alejandro Prieto, y que trasncribimos a continuación:

De la Montevideo añorada e idealizada en sus obras a los rincones que alguna vez transitó, la estela de Cristina Peri Rossi sobrevuela la capital uruguaya donde algunos rincones todavía guardan parte de la memoria afectiva de la ganadora del Premio Cervantes 2021.

"Lo que más extraño de mi país son los cielos siempre cambiantes de Montevideo, el perfume de las glicinas, el agua del grifo, de una pureza y brillo inconfundibles, la librería Linardi y Risso". Así describió sus añoranzas Peri Rossi a un semanario uruguayo hace algo más de una década.

Ahora, Álvaro Risso, segunda generación de una familia dedicada a los libros, atesora ese recuerdo entre ediciones históricas de literatura latinoamericana del siglo XX, viejas sillas de madera, mapas y fotos con algún que otro genio de las letras que frecuentó este local de la Ciudad Vieja, el casco histórico de Montevideo.

Risso destaca que el vínculo de Peri Rossi con el establecimiento tiene "una larga historia", pues la autora era 'habitué' del lugar en la época en que los encargados eran los padres de los actuales propietarios.

Ya en tiempos de la segunda generación, Linardi y Risso reavivó ese vínculo al editar "Papeles críticos", un texto sobre Peri Rossi publicado en 1995 que Risso rescata del archivo, pues con el furor del Cervantes las ediciones raras de la autora se agotaron de los estantes.

Ciudad Vieja marcó los primeros 30 años de vida de Peri Rossi: el lugar donde estudió para ser profesora de Literatura y comenzó a escribir sus primeros artículos y crónicas en el semanario Marcha, y donde la autora se sentó bajo las lámparas de la histórica librería a disfrutar de la lectura.

También desde allí zarpó el barco en el que partió hacia el exilio en 1972, meses antes de que la dictadura cívico-militar (1973-1985) estallase en Uruguay.

El barrio Reducto es otro rincón montevideano que la escritora atesora en su memoria y que describe en obras como la novela autobiográfica "La insumisa".

Allí fue a la escuela y estaba la casa de su abuela en la que pasó grandes ratos leyendo en la biblioteca de su tío, un barrio típico de la capital austral, con casas bajas y calles arboladas, esquinas donde se concentran comercios y pequeñas plazas donde tomar mate.

MONTEVIDEO SUSPENDIDA EN EL TIEMPO

"Cristina Peri Rossi está indisolublemente ligada a Montevideo y, por lo tanto, a Uruguay. Creo que aun estando lejos, ella sigue pensando en uruguayo", explica a Efe Jaime Clara, periodista y escritor al que la autora ayudó en sus comienzos en la literatura.

Gabriela Sosa, doctora en Letras que ha escrito varios artículos académicos sobre Peri Rossi, afirma que, aunque esta no visita Uruguay desde 2004, "la presencia de Montevideo ha estado siempre en ella".

Peri Rossi habla de una Montevideo "suspendida en el tiempo, donde lugares emblemáticos se transforman en motivos literarios", continúa Sosa, quien alude al poema que recoge el libro "Estado de Exilio".

"Nací en una ciudad triste / de barcos y emigrantes/ una ciudad fuera del espacio / suspendida de un malentendido:/ un río grande como mar/ una llanura desierta como pampa/ una pampa gris como cielo", así comienza el poema.

Clara compara a la prolífica literata uruguaya con el argentino Julio Cortázar: "Uno no puede negar que Cortázar era el escritor más argentino y más porteño viviendo fuera de la Argentina. Con Cristina pasa más o menos lo mismo. Junto con Onetti, eran los más montevideanos que vivían fuera del Uruguay".

OMENAJES EN SU CIUDAD

ese a la ausencia de la ceremonia por problemas de salud, Peri Rossi tiene, desde este viernes, el Premio Cervantes, galardón más importante de la literatura en español.

Precisamente, la figura del escritor más universal en esa lengua custodia la Biblioteca Nacional de Uruguay, donde Peri Rossi accedió a muchas obras que marcarían su vida, como "El segundo sexo", de Simone de Beauvoir, que, dijo, le "aclaró definitivamente la cuestión de la identidad femenina y la escritura".

"Desde que me fueron hace 50 años llevo a Montevideo adherida a mis zapatos", dijo cuando en septiembre pasado fue declarada Ciudadana Ilustre de Montevideo, ciudad que aún conserva su estela.

Tan es así que la próxima semana un colectivo de jóvenes artistas celebra, junto al gobierno capitalino, el primer festival de arte lésbico, "Insumisxs", que será "un homenaje a Cristina", según Sergio Miranda, director de la Secretaría de Diversidad de la Intendencia de Montevideo, quien agrega que "no es casual que empiece con poesía".

Todos los homenajes de su ciudad, por más que viva en Barcelona desde hace medio siglo, son un "acto de justicia", dice Miranda, a esa mujer que, con 80 años y una literatura cargada de erotismo, es referente de diversidad sexual.

Foto de portada: Captura Twitter

 

 

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