
Laura Garré directora ejecutiva de la Comisión Honoraria para la Salud Cardiovascular dijo a radio Monte Carlo que las personas que consumen cigarrillos electrónicos están más expuestos a padecer infartos de miocardio y accidentes cerebro-vasculares.
También ya se ha evidenciado que su consumo está vinculado a cáncer a edades más precoces que con el cigarrillo convencional, señaló.
Los (E Cigs) y los Productos de Tabaco calentado (PTCs) son dispositivos electrónicos ideados para liberar nicotina de una manera diferente a como lo hace un cigarrillo convencional. Al evitar la combustión del tabaco, generan, en el primer caso, un vapor cargado con nicotina acompañada de otras sustancias, y en el segundo caso, un aerosol con nicotina y también una mezcla de sustancias tóxicas y cancerígenas.
“Estos dispositivos están siendo disponibilizados y presentados por la industria tabacalera, como una forma más segura de consumo de tabaco o su sustancia adictiva, la nicotina, pero la evidencia científica disponible ya señala que entrañan riesgos graves para la salud aún cuando falta un mayor tiempo de seguimiento para conocer los efectos plenos sobre la salud a largo plazo, dada su reciente comercialización” dijo la Comisión en un comunicado.
Los sistemas electrónicos de administración de nicotina (SEAN)–sin Nicotina (SESN), en sus variadas formas, conocidos como cigarrillos electrónicos, vapeadores, vaporizadores entre otros, se encuentran comprendidos dentro de la normativa vigente que prohíbe su importación, registro, venta, publicidad, promoción y uso en lugares cerrados, entre otros. Sin embargo, se ha visto una presión de la industria por instalar estas alternativas y la población puede estar desinformada.
¿Cómo funcionan?
Estos productos están formados por 3 elementos básicos: batería, atomizador y cartucho. Al vapear, la batería se activa, el atomizador se calienta, el líquido del cartucho se vaporiza. El cartucho contiene diferentes sustancias identificadas y muchas aún sin identificar, dentro de las primeras: propilenglicol, glicerina, formaldehído, acetaldehído, acroleína, distintos metales pesados, saborizantes y con o sin nicotina. Muchos de estos componentes son sustancias tóxicas, con efectos conocidos perjudiciales sobre la salud.
Estas sustancias tóxicas activan diferentes mecanismos en el sistema vascular que llevan a alteraciones precursoras de las enfermedades cardiovasculares. Por lo que las personas que consumen ECigs y PTcs están más expuestos a padecer infarto agudo de miocardio y enfermedades cerebrovasculares.
También ya se ha evidenciado que su consumo está vinculado a cáncer a edades más precoces que con el cigarrillo convencional.
No se ha demostrado como método efectivo para contribuir en la cesación del tabaquismo.
La Comisión Cardiovascular señala también que “con respecto a su posible utilidad como ayuda para dejar de fumar, en ambientes controlados y bajo la estricta supervisión médica dentro de ensayos clínicos controlados se ha visto una modesta eficacia en comparación con los parches de nicotina en la abstinencia a corto plazo. Sin embargo mantiene su poder adictivo y se desconoce la eficacia a largo plazo así como tampoco su efecto deletéreo cardiovascular y en otros sistemas” y que “fueron necesarios más de 20 años de seguimiento para establecer el daño del tabaco en la salud de sus usuarios. La similitud en la composición (con exclusión del tabaco) de los cigarrillos electrónicos a los cigarrillos convencionales sugiere efectos similares”.
Además, se apoya la actual normativa de prohibición de estos productos hasta no existir evidencia que asegure a largo plazo su seguridad.
Foto: RMC




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