
La sensibilidad de los animales, que son magento-receptivos, les permite seguir su camino a aves migratorias, percibir sismos, tormentas y alteraciones en los polos, una capacidad casi perdida en el ser humano.
El difusor científico, profesor Carlos Brunetto, matizó que, a diferencia de los animales, el humano dirige su atención a sus construcciones mundanas, lo que lo vuelve peligrosamente indiferente y menos perceptivo.
Foto: EP-NASA




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