
Con casi treinta años de trayectoria —desde su creación en 1998 como Programa de Integración de Asentamientos Irregulares (PIAI)— el PMB es, según explicó su coordinador, Martín Delgado, una de las políticas públicas más sostenidas del Estado uruguayo, que ha trascendido distintos gobiernos y se mantiene vigente hasta la actualidad.
El programa, que depende de la Dirección de Integración Social y Urbana del MVOT, combina tanto obras físicas urbano-habitacionales como un trabajo de acompañamiento social.
Delgado explicó que el objetivo central de PMB es integrar, con énfasis en infraestructura, espacios públicos, equipamiento comunitario y también vivienda. “Pero sobre todo, hacemos ciudad, ese es el centro de la actividad del PMB”, señaló.
El MVOT destina al programa entre un 4% y 6% del presupuesto de inversiones que tiene, lo que equivale a unos 13 millones de dólares por año. A ese monto, según informó Delgado, se agregan aportes extrapresupuestales que actualmente no están definidos aún.
Más allá de eso, el coordinador destacó el hecho de que el presupuesto se haya mantenido en el tiempo. “Es un presupuesto sorprendentemente estable, ya que es prácticamente la misma inversión real del período anterior”, dijo.
Parte de los recursos provienen del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que ha financiado cuatro préstamos desde 1998. “Ese vínculo no solo aporta dinero, sino apoyo técnico; ha permitido acumular una experiencia institucional que es un capital muy importante del Estado uruguayo”, afirmó.
Actualmente, el programa interviene en 7 barrios, que abarcan unos 3.600 hogares. Estos son: Nueva Esperanza, Cotravi, San Antonio IV, Cauceglia, La Paloma, Maracaná Sur y Puesta al Sol.
La meta para este quinquenio es sumar otros 7 barrios, lo que implicará llegar a 1.850 hogares adicionales.
En cuanto a las intervenciones del PMB, Delgado destaca que son de carácter integral y por esa razón, llevan entre 2 y 5 años, dependiendo del tamaño del barrio, que va de 250 a 1000 familias.
Las obras abarcan desde saneamiento, drenaje y vialidad, hasta alumbrado, veredas, parques, plazas y equipamientos comunitarios.
“Intervenimos para que un barrio pase a tener los estándares urbanos del resto de la ciudad. Eso incluye saneamiento, calles, alumbrado, espacios públicos y también mejoras en las viviendas”, explicó Delgado.
Uno de los trabajos más relevantes, de acuerdo al coordinador, es el que realizan en los cursos de agua. “Lo primero es asegurar el correcto escurrimiento del curso de agua y del agua del barrio, porque suelen estar tapados de basura o desbordarse. Son obras muy sensibles y fundamentales”, dijo.
Otra infraestructura clave, contó, son los pozos de bombeo, que según dijo tienen un costo elevado y son intervenciones que se lucen poco, ya que son subterráneos, pero tienen un valor fundamental para las personas que viven allí.
“Donde existe saneamiento la mortalidad infantil baja automáticamente. Son parte importante de la transformación, y además contribuyen a la mitigación del cambio climático e interseccionalidades en la vulnerabilidad socioeconómica, territorial y ambiental”, subrayó.
Entre los ejemplos recientes mencionó obras en Maracaná, Cotravi, La Paloma y las intervenciones de espacio público y centros comunitarios en varios de los barrios en obra.
Además de las obras de infraestructura, el Programa Mejoramiento de Barrios, lleva a cabo un importante trabajo social, ya que la presencia del equipo en el territorio “es permanente”, aseguró Delgado.
“Son obras muy disruptivas y muy grandes. Desde las etapas iniciales explicamos qué vamos a hacer, quién se va a mover, qué calles se van a abrir. Es fundamental que el impacto sea entendido y previsible”, afirmó el jerarca.
Durante todo el proceso se realizan reuniones tripartitas entre vecinos y vecinas, el programa y las empresas constructoras para coordinar avances, resolver dudas y atender inquietudes. Además, se acompañan las mudanzas, con talleres sobre convivencia, funcionamiento de la vivienda y uso seguro de servicios.
Sobre el mejoramiento habitacional, Delgado detalló que puede incluir cambio de aberturas, ampliación de habitaciones o la conexión de la vivienda al saneamiento. “El programa provee materiales, proyecto y acompaña la obra de la familia”, dijo.
En cuanto a las causas principales de realojo son tres: riesgo por inundación o contaminación; apertura de calles; y viviendas ubicadas en el interior de manzanas sin condiciones adecuadas de acceso, iluminación y ventilación.
“Intentamos que la regularización no implique que un niño o niña cambie de escuela o que un adulto se aleje de su trabajo. Por eso se tiende a realojar en las cercanías o dentro del propio barrio cuando es posible”, explicó el coordinador.
También se utiliza la compra de vivienda usada para evitar la concentración de familias realojadas.
“Es una herramienta que permite que las familias se inserten en otros barrios como un residente más y evita procesos de guetización”, agregó.
Finalizadas las obras, comienza la etapa de escrituración. En este proceso, quienes habitan esas viviendas pasan de ser comodatarios a ser propietarios y propietarias del inmueble. Para poder vender, deben pasar 25 años desde la escritura de compraventa.
En caso de querer vender antes de ese plazo, pueden hacerlo cumpliendo con las condiciones que están establecidas en el propio título de compraventa.
En cuanto a su integración, el PMB está conformado por 100 trabajadores y trabajadoras, en su mayoría del área social, además de personas de la arquitectura, equipos técnicos de obra, equipos legales, financieros, de planificación y de administración.
Además, Delgado aseguró que la articulación interinstitucional entre intendencias, UTE, OSE, Ministerio del Interior, el Ministerio de Desarrollo Social, INAU y el sistema de transporte, “es constante”.
“Es una operación interinstitucional muy ambiciosa y fuertemente transformadora. Es una tradición positiva del Estado uruguayo que ha trascendido la alternancia de gobiernos y que se sostiene desde hace casi treinta años”, afirmó Delgado.
Foto: Distribucion ( RMC)




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