
El sector granjero uruguayo atraviesa un escenario de alta incertidumbre marcado por el reciente aumento en el precio de los combustibles, el retraso del tipo de cambio y un contexto climático adverso. Así lo señaló Erik Rolando, productor y directivo de la Confederación Granjera de AFRUPI, quien en declaraciones radiales analizó las dificultades operativas y económicas que enfrenta la producción nacional.
El incremento en el costo del gasoil impacta de lleno en la estructura productiva de la granja, el sistema agrícola con mayor consumo del insumo por hectárea, alcanzando un promedio de 400 litros anuales. El ajuste coincide con la etapa estival y la preparación de los cultivos, período de máxima exigencia operativa, lo que encarece directamente los costos variables de un sector golpeado por tres años consecutivos de pérdidas.
A este panorama se suma el efecto del atraso cambiario. Según Rolando, la paridad del dólar dejó de representar un beneficio para la compra de insumos y pasó a perjudicar al sector en dos frentes: resta competitividad a las exportaciones y abarata la llegada de productos procesados importados —como jugos y congelados— que ingresan al país con subsidios de origen, generando una competencia desleal.
La pérdida continuada de rentabilidad ha derivado en la salida de numerosos pequeños productores. Si bien la superficie cultivada no ha caído drásticamente, la producción tiende a concentrarse en unidades de mayor escala financiera.
Rolando advirtió que esta dinámica pone en peligro la soberanía y seguridad alimentaria del país: si la actividad agrícola local deja de ser rentable, el capital privado optará por la importación de alimentos, reduciendo la capacidad del país para autoabastecerse ante eventuales crisis externas.
Finalmente, el dirigente enfatizó la necesidad de consolidar una política de Estado a largo plazo para la granja —a la manera de países como Chile, Perú o Paraguay— que trascienda los períodos de gobierno y otorgue previsibilidad a los productores. Además, recordó que las pérdidas de cosechas derivadas del clima o los costos operativos se trasladan de forma directa al precio final que pagan los consumidores en el mercado local.
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Foto: Javier Calvelo / adhocFOTOS




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