
"Pienso que Fidel es el pasado, y Raúl es mucho mejor, pero mucha gente no sabe lo que va a pasar en el futuro", señala Dionne, una profesora de secundaria de 34 años, mientras recorre La Habana con sus estudiantes.
El padre de la Revolución cubana, que murió el viernes a los 90 años, moldeó con mano de hierro la isla que hoy se abre con cautela a la red y la actividad privada, y a una relación "de iguales" con Estados Unidos, su adversario de la Guerra Fría.
La Cuba que dejó Fidel a los 90 años no es la misma que dirigió por casi cinco décadas hasta que una crisis intestinal lo obligó a delegar el poder en su hermano Raúl en 2006.
Fidel ya no gobernaba, pero para muchos cubanos nada ocurría sin su consentimiento.
Apegado al socialismo y al régimen de partido único, su hermano Rául flexibilizó el desgastado modelo de corte soviético, y restableció puentes diplomáticos con Washington a través de Barack Obama, quien será reemplazado por el imprevisible Donald Trump.
Obama, que visitó La Habana en marzo, amplió las opciones de viaje de los estadounidenses a la isla, y adoptó otras medidas para suavizar el embargo vigente desde 1962.
Foto: AFP




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