
En una segunda vista del caso tras las apelaciones, Hassan Adan Isak Ali, que conducía una furgoneta que iba a ser detonada también, fue condenado de nuevo a muerte, mientras que el propietario del vehículo, Abdullahi Ibrahim Hassan Absuge, vio reducida su sentencia a la cadena perpetua.
Por su parte, el hombre que facilitó que dicha furgoneta superase los controles de seguridad, Abdiweli Ahmed Diiriye, consiguió que se rebajase su pena a tres años de cárcel; los otros dos acusados fueron liberados por falta de pruebas contra ellos.
Los tres implicados que aún permanecen en el proceso judicial podrán recurrir ahora ante el Tribunal Supremo o esperar un decreto presidencial que decida si serán ejecutados.
Los acusados fueron detenidos pocos días después del ataque, tras una investigación policial sobre este atentado, el mayor registrado en la historia de Somalia.
Dos de ellos eran conductores; otros dos, funcionarios de los servicios de inteligencia, mientras que el último, Isak Ali, fue capturado por las fuerzas de seguridad cuando iba a detonar el vehículo que conducía como parte del segundo ataque.
Este atentado, llevado a cabo con camiones bomba el 14 de octubre de 2017, causó 512 muertos en la capital de Somalia, Mogadiscio, lo que provocó que miles de somalís salieran a las calles para protestar contra el grupo yihadista, que ha matado a miles de civiles desde su fundación en 2006.
Una primera explosión estalló junto al hotel Safari, situado en la conocida como intersección del kilómetro 5, una de las zonas más populares de la capital y sede de oficinas gubernamentales, hoteles y restaurantes.
El segundo ataque, con idéntico 'modus operandi', se llevó a cabo al lado de un concurrido mercado situado junto a la antigua sede de la aerolínea nacional Somalia Airlines, en el distrito de Wadajir.
Según analistas locales, los problemas internos del Gobierno y su distanciamiento con la cúpula del Ejército han permitido a Al Shabab recuperar su capacidad de atentar a gran escala.
La organización terrorista, que se afilió en 2012 a la red internacional de Al Qaeda, controla parte del territorio en el centro y el sur del país y aspira a instaurar un Estado islámico de corte wahabí en Somalia.
Foto: EFE




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